Sinopsis
Vic Deakins es un piloto estadounidense al mando de un bombardero B-2 equipado con dos cabezas nucleares. Sin embargo a Vic esto le sabe a poco, por lo cual tiene planeado robar el peligroso cargamento y chantajear económicamente al gobierno de los EEUU. Para ello, deberá matar antes a Riley, copiloto y amigo suyo. Sin embargo los planes no salen según lo previsto. Tras un forzejeo en la cabina, los dos pilotos terminan en paracaídas, la nave estrellada y las bombas esparcidas por el desierto.
Obviamente Vic se dispone a recuperarlas, pero su (ex)amigo del alma no está dispuesto permitírselo.
Obviamente Vic se dispone a recuperarlas, pero su (ex)amigo del alma no está dispuesto permitírselo.
Crítica
Puntuación del crítico4Tras "Grease" y "Fiebre del Sabado Noche", la carrera de Travolta no volvió a ser la misma, empeorando por momentos y enfilando la cuesta abajo del olvido. Aunque no llegó a hacer cola en el INEM poco le faltó, pues sus trabajos eran cada vez de peor calidad. De hecho, todo lo rodado con posterioridad y durante la década de los 80 se estrenó a mitad de camino entre la indiferencia y el anonimato. A nadie le importaba el destino de Tony Manero. No faltó quienes acusaron a Travolta de haberle sonado la flauta por casualidad en los 70, e incluso de ser un mal actor.
A principios de los 90 la situación pareció cambiar con "Mira quien Habla", comedia de pañales en donde un charlatan crio ofrecía su peculiar visión del mundo. Travolta levantó cabeza y, como las gracias de chupete gustaron, las secuelas llovieron monzónicamente. Secuelas repetitivas y pesadas que sólo sirvieron para dar argumentos a quienes lo acusaban de no saber actuar. Nuevo revés para un Travolta cada vez más mayor.
Pero llegó el año 94, y un Tarantino exuberante por "Reservoir Dogs" le hizo sitio en la taquillera "Pulp Fiction", crisol de historias inconexas hilvanadas durante 2 horas hasta fundirse en un relato único. Su drogadicto papel de asesino le valió el reconocimiento del público, y Travolta volvió al candelero. Recuperada la fama de antaño, John volvió a permitirse el lujo de elegir papeles.
Por esta época, el director John Woo había comenzado ya a granjearse cierta fama en Hollywood. Chino de nacimiento y estadounidense de adopción, este director se especializó en cine de acción, destacando por su capacidad para engrandecer secuencias banales. Allí donde otros únicamente sabían poner una detonación, John Woo desplegaba todo un elaborado artificio visual, en donde los movimientos imposibles, las melodías pomposas y las ralentizaciones se mezclaban hasta crear una falsa sensación de excepcionalidad. Sin duda un mérito.
Con "Broken Arrow", Mr. Woo se dispuso a hacer más de lo mismo, arrastrando consigo a Travolta y Christian Slater. Habiendo perdido cualquier sentido del ridículo y bajo el lema de "leña al mono hasta que hable inglés", Woo inició el rodaje de esta película en donde la acción irreal y permanente se convertía en el eje de la historia. Bombas nucleares más sobadas que las tetas de una puta, aspas de helicópteros girando frente a la cara, malabarismos Jackie Chaneros e incluso protagonistas capaces de sobrevivir a ¡UNA EXPLOSIÓN NUCLEAR!. Todo ello macerado entre toneladas de tópicos: malvado escaso de fondos y sobrado de mala leche, legión de secuaces dispuestos a seguirle el juego, oficial santurrón autodesignado como salvador de los EEUU y policía morenaza metida donde nadie la llama. Y de fondo el mismo problema de todas las producciones de John Woo: un espectáculo de formas y fuegos de artificio. De lo demás, poco o nada.
En resumen: Batiburrillo nuclear engrandecido a golpe de cámara lenta y con un Adzo metido a héroe. Menos átomos y más historia.
A principios de los 90 la situación pareció cambiar con "Mira quien Habla", comedia de pañales en donde un charlatan crio ofrecía su peculiar visión del mundo. Travolta levantó cabeza y, como las gracias de chupete gustaron, las secuelas llovieron monzónicamente. Secuelas repetitivas y pesadas que sólo sirvieron para dar argumentos a quienes lo acusaban de no saber actuar. Nuevo revés para un Travolta cada vez más mayor.
Pero llegó el año 94, y un Tarantino exuberante por "Reservoir Dogs" le hizo sitio en la taquillera "Pulp Fiction", crisol de historias inconexas hilvanadas durante 2 horas hasta fundirse en un relato único. Su drogadicto papel de asesino le valió el reconocimiento del público, y Travolta volvió al candelero. Recuperada la fama de antaño, John volvió a permitirse el lujo de elegir papeles.
Por esta época, el director John Woo había comenzado ya a granjearse cierta fama en Hollywood. Chino de nacimiento y estadounidense de adopción, este director se especializó en cine de acción, destacando por su capacidad para engrandecer secuencias banales. Allí donde otros únicamente sabían poner una detonación, John Woo desplegaba todo un elaborado artificio visual, en donde los movimientos imposibles, las melodías pomposas y las ralentizaciones se mezclaban hasta crear una falsa sensación de excepcionalidad. Sin duda un mérito.
Con "Broken Arrow", Mr. Woo se dispuso a hacer más de lo mismo, arrastrando consigo a Travolta y Christian Slater. Habiendo perdido cualquier sentido del ridículo y bajo el lema de "leña al mono hasta que hable inglés", Woo inició el rodaje de esta película en donde la acción irreal y permanente se convertía en el eje de la historia. Bombas nucleares más sobadas que las tetas de una puta, aspas de helicópteros girando frente a la cara, malabarismos Jackie Chaneros e incluso protagonistas capaces de sobrevivir a ¡UNA EXPLOSIÓN NUCLEAR!. Todo ello macerado entre toneladas de tópicos: malvado escaso de fondos y sobrado de mala leche, legión de secuaces dispuestos a seguirle el juego, oficial santurrón autodesignado como salvador de los EEUU y policía morenaza metida donde nadie la llama. Y de fondo el mismo problema de todas las producciones de John Woo: un espectáculo de formas y fuegos de artificio. De lo demás, poco o nada.
En resumen: Batiburrillo nuclear engrandecido a golpe de cámara lenta y con un Adzo metido a héroe. Menos átomos y más historia.







